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Un día normal, la ansiedad

Un día normal: la ansiedad

por Elisa Aranda

Te levantas temprano, hay que ducharse. Antes un poco de ejercicio para mantener una miniforma. Luego preparar los desayunos : zumos recién hechos, tostadas con mantequilla, dos bocadillos para mitad de mañana ,uno para cada hijo. Sales corriendo al metro. Llegas al trabajo con sueño, pero hay que vérselas con treinta adolescentes entre los hay algunos muy rebeldes a los que todos los buenos ejemplos les parece como ellos dicen "lo peor". No entiendes nada. Ellos chillan en los diálogos que intentas mantener en su hora de tutoría. Después das dos horas de clase más, que te compensan el mal comienzo, pues los chicos atienden y se interesan ¡ menos mal ¡ En el primer patio, necesitas café, en el segundo piensas qué comida vas a hacer al llegar a casa. No tienes ni idea. Además es difícil que guste a tus hijos y a la vez sea apropiada para los achaques de tu pareja. Mientras vuelves a casa piensas y al final descubres que hace tiempo que no haces lentejas. Después de comer, en la cocina sólo quedas tú, todos han desaparecido. Hay que fregar y tienes ganas de sentarte en el sofá, pero no puedes, hay que salir enseguida a la reunión de Departamento. Acudes y sólo consigues aumentar los disgustos. Por fin llegas a casa sin saber qué cena vas a hacer. Pero antes hay que planchar, porque nadie nota cuando planchas pero sí cuando dejas de hacerlo. Mientras planchas piensas en las clases del día siguiente, intentando averiguar mentalmente qué materiales tienes que preparar. Vas a tu habitación y preparas las clases, porque tienes hecha una temporalización de las materias programadas que no te deja dormirte en los laureles, si pretendes terminar el programa. Por fin haces la cena y te cansas de llamar a todos para que vengan a la mesa. Después de cenar arreglas la cocina por no entrar en la polémica de a quién le toca. Mientras friegas piensas en cómo seguirá la novela que estás leyendo y acudes a tu habitación rápidamente a seguir leyendo, hasta que el reloj te avisa de que no es prudente continuar porqué mañana debes madrugar.

La Ansiedad

Básicamente es un estado de alerta que genera unos mecanismos de defensa para superar un posible peligro que amenace la integridad física. Durante el tiempo que dura el estado de alerta se generan sentimientos de angustia y de inseguridad, pero también una mayor percepción del medio y una mayor concentración mental para facilitar el éxito en el enfrentamiento con el peligro. Hasta aquí todo es natural y lógico. El problema surge cuando una persona desencadena sus mecanismos de alerta sin ningún peligro real de importancia o sin que se encuentre un motivo que lo justifique.
Se sabe que entre un 3 y un 5 % de la población presentan trastornos de la ansiedad, y en éste grupo de afectados existen el doble de mujeres que de hombres. Por otra parte la edad más habitual en la que se manifiesta es entre los 20 y los 40 años.

Los factores que influyen en el desarrollo de trastornos de la ansiedad en una determinada persona son de tres tipos:

· genéticos

· neurofisiológicos

· psicosociales

Se sabe que los familiares consanguíneos de personas que sufren estos trastornos tienen más probabilidad de padecerlos. Dentro de los factores neurofisiológicos entrarían determinadas anomalías en la producción por exceso o por defecto de ciertos neurotransmisores (noradrenalina, ácido gamma-amino-butírico).

Los factores psicosociales dependen de la personalidad del enfermo. Es más probable sufrir trastornos de ansiedad si la persona es muy insegura y tiene dificultades en tomar decisiones. Se sabe que esta personalidad es más probable en personas que han vivido una infancia en un entorno muy autoritario o excesivamente protector. Si se crece en un entorno muy autoritario que no deja satisfacer ningún impulso se generan muchos traumas produciendo inseguridad y si se crece en un ambiente muy protector que concede la satisfacción de todos los impulsos se generan traumas al salir del ambiente protector. Por todo lo anterior, cada persona tiene un límite propio de tolerancia ante los estímulos estresantes y generadores de angustia.
Cuando el trastorno de ansiedad se produce de forma continua y persistente, se generan unos síntomas que pueden llegar a ser importantes y evitar el desarrollo de una vida normal ya que los problemas se somatizan.

Entre los síntomas más frecuentes están:

  • aceleración del ritmo cardíaco
  • sensación de falta de aire
  • dificultades para dormir
  • palpitaciones · dolores musculares
  • irritabilidad
  • dolores de cabeza
  • dificultades de atención, memorización y concentración mental
  • acidez gástrica
  • perturbaciones digestivas (diarrea o estreñimiento)
  • dolores abdominales
  • vértigo
  • hipertiroidismo
  • trastornos en la conducta alimentaria como la bulimia que puede desembocar en una obesidad, o la anorexia con gran pérdida de peso.
  • disminución del deseo sexual
  • sensación de tristeza y desinterés por el entorno.

En fases avanzadas de la ansiedad se puede llegar a conductas adictivas al alcohol o a los tranquilizantes, y también a comportamientos autodestructivos. Cuando los trastornos de la ansiedad se presentan en forma de crisis suelen llevar a una opresión torácica intensa, a nauseas, vómitos e incluso a una pérdida del conocimiento. Las personas afectadas para explicarse lo que les pasa suelen acudir al médico para revisiones orgánicas y también buscan unir determinados hechos con las apariciones de las crisis con lo que desarrollan fobias, como por ejemplo viajar en tren, subir en el ascensor, estar en lugares públicos, etc.
Existe otro trastorno de la ansiedad que afecta a personas que diariamente se enfrentan a situaciones que generan estrés, como por ejemplo enfermeras, policías, profesores, etc, llamado el síndrome de agotamiento. Este trastorno se produce porque dichas personas ven día a día superada su capacidad de solucionar los problemas a los que se enfrentan. Estas circunstancias generan en los afectados dolor de cabeza, perturbaciones gástricas, cansancio físico y mental, falta de interés por el entorno y sentimiento de fracaso.
Los tratamientos que se emplean en los trastornos de la ansiedad, abarcan desde la psicoterapia para reforzar la adaptación de la persona a las situaciones de estrés, como por ejemplo procurar repetir situaciones que nos resulten agradables en la vida normal, pasando por medidas higiénico-dietéticas como las técnicas de relajación, evitar bebidas psicoactivas (alcohol, café), descanso apropiado, e incluso la administración de medicamentos tranquilizantes.
La colaboración de los familiares es muy importantes para que se produzca la recuperación del enfermo. Así se debe comprender su sentimiento de angustia y no quitarle importancia, y al mismo tiempo procurar que siga las instrucciones del tratamiento.

Elisa Aranda, bióloga

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