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Un día normal Te levantas temprano, hay que ducharse. Antes un poco de ejercicio para mantener una miniforma. Luego preparar los desayunos : zumos recién hechos, tostadas con mantequilla, dos bocadillos para mitad de mañana ,uno para cada hijo. Sales corriendo al metro. Llegas al trabajo con sueño, pero hay que vérselas con treinta adolescentes entre los hay algunos muy rebeldes a los que todos los buenos ejemplos les parece como ellos dicen "lo peor". No entiendes nada. Ellos chillan en los diálogos que intentas mantener en su hora de tutoría. Después das dos horas de clase más, que te compensan el mal comienzo, pues los chicos atienden y se interesan ¡ menos mal ¡ En el primer patio, necesitas café, en el segundo piensas qué comida vas a hacer al llegar a casa. No tienes ni idea. Además es difícil que guste a tus hijos y a la vez sea apropiada para los achaques de tu pareja. Mientras vuelves a casa piensas y al final descubres que hace tiempo que no haces lentejas. Después de comer, en la cocina sólo quedas tú, todos han desaparecido. Hay que fregar y tienes ganas de sentarte en el sofá, pero no puedes, hay que salir enseguida a la reunión de Departamento. Acudes y sólo consigues aumentar los disgustos. Por fin llegas a casa sin saber qué cena vas a hacer. Pero antes hay que planchar, porque nadie nota cuando planchas pero sí cuando dejas de hacerlo. Mientras planchas piensas en las clases del día siguiente, intentando averiguar mentalmente qué materiales tienes que preparar. Vas a tu habitación y preparas las clases, porque tienes hecha una temporalización de las materias programadas que no te deja dormirte en los laureles, si pretendes terminar el programa. Por fin haces la cena y te cansas de llamar a todos para que vengan a la mesa. Después de cenar arreglas la cocina por no entrar en la polémica de a quién le toca. Mientras friegas piensas en cómo seguirá la novela que estás leyendo y acudes a tu habitación rápidamente a seguir leyendo, hasta que el reloj te avisa de que no es prudente continuar porqué mañana debes madrugar. |
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La Ansiedad Básicamente
es un estado de alerta que genera unos mecanismos de defensa para superar
un posible peligro que amenace la integridad física. Durante el tiempo
que dura el estado de alerta se generan sentimientos de angustia y de
inseguridad, pero también una mayor percepción del medio y una mayor concentración
mental para facilitar el éxito en el enfrentamiento con el peligro. Hasta
aquí todo es natural y lógico. El problema surge cuando una persona desencadena
sus mecanismos de alerta sin ningún peligro real de importancia o sin
que se encuentre un motivo que lo justifique. · genéticos · neurofisiológicos · psicosociales Se sabe que los familiares consanguíneos de personas que sufren estos trastornos tienen más probabilidad de padecerlos. Dentro de los factores neurofisiológicos entrarían determinadas anomalías en la producción por exceso o por defecto de ciertos neurotransmisores (noradrenalina, ácido gamma-amino-butírico). Los
factores psicosociales dependen de la personalidad del enfermo. Es más
probable sufrir trastornos de ansiedad si la persona es muy insegura y
tiene dificultades en tomar decisiones. Se sabe que esta personalidad
es más probable en personas que han vivido una infancia en un entorno
muy autoritario o excesivamente protector. Si se crece en un entorno muy
autoritario que no deja satisfacer ningún impulso se generan muchos traumas
produciendo inseguridad y si se crece en un ambiente muy protector que
concede la satisfacción de todos los impulsos se generan traumas al salir
del ambiente protector. Por todo lo anterior, cada persona tiene un límite
propio de tolerancia ante los estímulos estresantes y generadores de angustia.
En
fases avanzadas de la ansiedad se puede llegar a conductas adictivas al
alcohol o a los tranquilizantes, y también a comportamientos autodestructivos.
Cuando los trastornos de la ansiedad se presentan en forma de crisis suelen
llevar a una opresión torácica intensa, a nauseas, vómitos e incluso a
una pérdida del conocimiento. Las personas afectadas para explicarse lo
que les pasa suelen acudir al médico para revisiones orgánicas y también
buscan unir determinados hechos con las apariciones de las crisis con
lo que desarrollan fobias, como por ejemplo viajar en tren, subir en el
ascensor, estar en lugares públicos, etc.
Elisa Aranda, bióloga |
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