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| Muchos
especialistas coinciden en opinar que detrás de cada bebé
existe un genio en potencia, siendo los padres los responsables de estimular
su inteligencia durante los primeros años de su vida.
El grado normal de inteligencia de un adulto es de 90 a 110%. Con un adiestramiento precoz se puede alcanzar entre un 130 o 140%. Pediatras y psicólogos ponen especial énfasis en la importancia del vínculo amoroso para cultivar la inteligencia del no nacido. El esfuerzo de los padres por comunicarse con sus hijos se traduce en un aumento considerable de su capacidad de aprendizaje. Existen diferentes métodos de estimulación basados en la música, los masajes, las caricias, la lectura y sobre todo en el esfuerzo de los padres de comunicarse con su hijo. Debemos ser conscientes de que nuestro hijo participa de nuestra acción o inacción educativa desde los primeros meses de su gestación. Dependerá de nosotros que el no nacido reciba la estimulación necesaria para el desarrollo óptimo de su personalidad. Una vez nacido, tenemos que considerar el hecho de enseñar a nuestro hijo como un privilegio. Hablémosle con claridad y entusiasmo, hagámosle sonreír, confiemos en él, pensemos nuestras respuestas, mantengamos nuestras promesas y sobre todo, digámosle siempre la verdad. Asumamos nuestro transcendente papel como formadores de los futuros adultos. Alimentemos sus cerebros. Exijamos más, contestemos a lo que se nos pregunta y no les dejemos solos durante horas delante de un televisor.
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