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Cada
niño tiene una personalidad única e irrepetible que debe
encajar en el contexto social de una forma armónica; es un largo
camino el que debe recorrer desde el aislamiento y dependencia total de
los primeros días de su vida, hasta el momento en que se mueva
de una forma socializada, en sus relaciones familiares, de amigos y de
colegio.
Para
ayudarle en esta tarea, los padres, educadores y personas que convivan
con ellos deberán observarlo para descubrir que es lo que le agrada
o le desagrada, qué tipo de carácter es el suyo. Movido,
tranquilo, alegre, nervioso, etc, es importante para tratar que se conduzca
serenamente y a veces, hacer pequeñas rectificaciones en el trato
que se le da, para lograr hacer de él un ser humano, capaz de convivir
con los otros humanos que pueblan nuestro continente.
El
niño aprende imitando a las personas de su entorno, de ahí
que tengamos que ser tan cuidadosos en nuestras manifestaciones, ya que
nuestra personalidad va a ser la que le influya en su desarrollo social.
En
una primera etapa el niño es inferior a un mono de su misma edad
que rápidamente, se las arregla solo, mientras el niño sigue
con una total dependencia de los adultos; pero mientras que el mono llega
a un punto en que no hace más progresos, los humanos tienen disposición
para seguir aprendiendo a lo largo de su vida.
La
forma en que el niño se va incorporando al mundo es progresiva
y fascinante para el que lo observa; comienza relacionándose con
su madre a la que reconoce de un modo instintivo, después a las
personas que conviven con él, para ellas son los primeros balbuceos
y sonrisas, si llora, suele calmarse nada más ver una cara conocida
y empieza a apreciar que le hablen o le muestren algún tipo de
juguete. Pero si es un extraño, suele llorar. Más adelante
tiende los brazos para que lo cojan y se le ve contento cuando está
en compañía de sus padres y hermanos a los que sigue con
la vista.
Alrededor
del año comprende cuando le dicen que no debe hacer una cosa.
A
partir del segundo año, el niño se esfuerza en llamar la
atención de los demás, con los medios que tiene a su alcance,
habla, grita, llora y provoca a sus padres haciendo lo que tiene prohibido
paar forzarles a hacerle caso.
Es
en este periodo cuando la impaciencia del niño se muestra con mayor
frecuencia, quiere conseguir o hacer las cosas rápidamente y no
tiene la suficiente destreza, es el momento de ayudarle y explicarle que
lo irá haciendo todo cada vez mejor.
También
es el momento oportuno para que aprenda a jugar con otros niños
y se acostumbre a compartir. Normalmente a esa edad van a la guardería
y ésto es muy beneficioso para su socialización, pero es
en casa donde hemos de marcar el acento en que se debe compartir y que
hay que ser generoso para que no se conduzca de forma egoísta,
que por otra parte es algo propio de su edad.
La
consideración hacia los otros, el no elegir siempre lo mejor y
el primero, son conductas que se han de aprender a edad temprana y que
deben conservar a lo largo de su vida para llegar a ser unos ciudadanos
que construyan una sociedad cada vez mejor.
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