Educar no es una tarea fácil

En la sociedad actual, los padres inician, desde el momento mismo de la concepción del hijo, un camino natural por el que tendrán que ir el resto de su vida y que, como todos los caminos largos y desconocidos, les proporcionará sorpresas muy diferentes: agradables, preocupantes, tranquilas, habrá un poco de todo. Lo mejor para que vaya bien es hacer lo mismo que hacemos cuando emprendemos una excursión y queremos llegar al sitio que nos hemos propuesto: INFORMARNOS para poder caminar con los menores riesgos posibles. En un primer momento deseamos que el niño nazca sano y sin problemas fisiológicos y ésta es la principal preocupación durante los primeros meses, pero muy pronto nos damos cuenta que, por el bien del niño y por el nuestro, tenemos que crear unos hábitos en él de alimentación, de sueño, de higiene mientras que, simultáneamente, iniciamos la enseñanza del lenguaje que, junto con las muestras que da el bebé de reconocimiento de las personas y objetos de su entorno, nos hace pensar que la tarea de socialización del niño se va logrando. Conforme pasan los meses es necesario planificar la forma de proporcionar valores y conocimientos a nuestro hijo para que sea una persona integrada y feliz en la sociedad que le ha tocado vivir, naturalmente se trata de un fin utópico, pero el cual debemos intentar conseguir. Debemos tener muy clara la idea de que la educación y los principios éticos no es tarea de los centros llamados de Enseñanza, es algo que debe transmitir la familia, con su modo de ser y comportarse en primer lugar y aclarando y enseñando en cada momento a los hijos lo que se debe hacer. Si los padres no son cariñosos, o su vocabulario está lleno de palabras malsonantes o vulgares, probablemente los hijos harán lo mismo y los padres carecerán de la autoridad necesaria para corregir estas actitudes, porque la educación es en parte un proceso de asimilación, pero sólo en parte, de aquí la frustración de los padres cuando sus hijos no siguen sus normativas. Es necesario ayudarles a desarrollar su vida, pero no hay que olvidar que cada persona es distinta y que la tarea de los padres y de los educadores es proporcionar los medios para que sus hijos desarrollen sus capacidades y que puedan participar en la vida social con su propia personalidad. Todavía hasta mediados del siglo XX, la autoridad de los padres, sobre todo la del padre era absoluta y difícil de eludir, pero cómoda si se mira desde el punto de vista del funcionamiento, las reglas las ponían los padres y los hijos solamente tenían que acatarlas o simular que lo hacían. La liberalización de las costumbres ha roto este esquema y es necesario "convencer" y explicar las razones que determinan lo que se debe hacer, justificando su valor con razonamientos basados en la convivencia, la afectividad y los valores humanos y no en la religión la política o la fuerza. Los padres tienen que hacer un examen concienzudo de sus propósitos y mantener una actitud flexible y razonable con sus hijos, haciéndoles ver el pro y el contra de sus actitudes y evitando situaciones límite que no permitan un entendimiento. Desde luego puede haber posiciones encontradas pero que no deben romper el diálogo, siempre que no intentemos imponer una norma porque nosotros somos los que mandamos, pero tampoco se puede transigir con todo lo que los hijos desean sólo "porque los demás lo hacen así", esto lleva a situaciones absurdas e incluso peligrosas, ya que es necesaria una gran madurez muchas veces para poder elegir correctamente y no solo "porque apetece", como quieren los niños y adolescentes.

Por eso, en esta tarea, en este camino debemos intentar educar a nuestros hijos y lograr que nuestros pasos en el camino sean cercanos para poder ayudarnos mutuamente.

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