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| por el consultor pedagógico del Colegio Balder |
En este artículo trataremos una de las condiciones esenciales de la calidad personal: la autonomía. Las dependencias continuadas limitan las potencialidades del ser humano y generan una claudicación ante la vida: nos diluye como personas.
Punto de partida
- La autonomía tiene una relación directa con la responsabilidad, la libertad y la madurez emocional: todos los niños nacen indefensos y heterónomos; en la medida en que evolucionan psicológicamente son capaces de gobernarse más a sí mismos. En este punto confluye la moralidad.
- La heteronomía, al ser el polo opuesto a la autonomía, coloca la responsabilidad de las emociones, pensamientos y acciones propias en personas, situaciones o cosas fuera de uno mismo.
- La esencia de la autonomía es que los niños/adolescentes lleguen a ser capaces de tomar decisiones responsables que significa:
- Conciencia de los efectos personales y sociales de una decisión y asumir las consecuencias prácticas.
- Aprender de las experiencias vividas para formar criterios de acción (actitudes).
- La autonomía no implica libertad total: autonomía/responsabilidad significa tomar en cuenta factores relevantes para decidir el mejor curso de acción que concierne a todos. No puede haber moralidad cuando se consideran únicamente los propios puntos de vista. Los niños nacen egocéntricos y necesitan aprender a descentrarse.
- La mentira, por ejemplo, es una derivación del egocentrismo. Al intercambiar puntos de vista con los demás y coordinarlos con los suyos, el niño y adolescente, construye el valor de la honestidad; las negociaciones bilaterales son necesarias para que el niño se descentre y piense en perspectivas ajenas a la suya.
- Los niños/adolescentes a los que se les permite hacer lo que quieren están tan privados de las oportunidades de desarrollar autonomía como aquellos que son educados por padres autoritarios que nunca les permiten decidir nada por sí mismos. Un niño/adolescente que puede hacer todo lo que desee sin considerar el punto de vista de los demás, permanece atrapado dentro de su egocentricidad. Un niño/adolescente no puede descentrarse lo suficiente como para desarrollar autonomía, si nunca tiene que considerar los sentimientos de las otras personas. Si todos los demás se pueden doblegar a sus caprichos, el niño/adolescente nunca tendrá que negociar soluciones justas.
- La moralidad heterónoma está, por lo tanto, caracterizada por la egocentricidad y la obediencia a las personas con poder. La formación del criterio moral, inclusive, depende de la autonomía moral. Los niños que son criados para obedecer reglas fuera de alguna consideración humana, construyen reglas absolutas que incluyen únicamente lo que es observable. Por ejemplo, es malo quebrar cosas y cuanto más extenso sea el daño, peor es, independientemente de las intenciones o de circunstancias atenuantes. Afortunadamente la mayoría de los niños tienen oportunidades de considerar otros puntos de vista y de continuar descentrándose y construyendo otros criterios para hacer juicios morales.
- También en el ámbito intelectual, la autonomía significa ser gobernado por sí mismo, mientras que la heteronomía singifica ser gobernado por ideas impuestas o instaladas acríticamente . “Si tú no diriges a tu pensamiento, él te dirigirá a ti”. La autonomía intelectual genera pensamiento crítico, opiniones personales bien fundamentadas, sistemas de creencias impulsoras. La inteligencia fracasa cuando es incapaz de ajustarse a la realidad, de comprender lo que pasa o lo que nos pasa, de solucionar los problems afectivos, sociales o políticos; cuando se equivoca sistemáticamente emprende metas disparatadas o se empeña en usar medios ineficaces, cuando desaprovecha las ocasiones; cuando decide amargarse la vida; cuando se empeña por la crueldad o la violencia.
Aplicaciones:
Los tres dominios de la autonomía se relacionan constantemente y operan como “vasos comunicantes”: se debilitan o refuerzan entre sí.
- Autonomía intelectual:
- Instalación de un sistema de creencias impulsoras que operen como filtros del optimismo realista. Evitar los riesgos de los fracasos intelectuales descritos anteriormente.
- Formación del sentido de la vida: desterrar el fatalismo, los determinismos genéticos, psicológicos o sociales. La trascendencia siempre tendrá una respuesta a muchos eventos que parecen callejones sin salida.
- Limitar el acceso a los medios masivos de comunicación que acceden con fuerza sobre los sistemas de creencias de los niños/adolescentes.
- Autonomía emocional:
- Proporcionar oportunidades para enfrentar la frustración y el dolor; cuidado de otros;
- Enseñar el control de los impulsos mediante la demora de la gratificación; la reflexión es un elemento esencial en el control de la impulsividad. El principio de la realidad (lo que conviene hacer) suple al principio del placer (lo que me gusta hacer).
- Autonomía moral
- Formación de convicciones (por qué y para qué de las conductas y de sus consecuencias);
- Establecer una jerarquía de valores que organice las conductas y solucione los conflictos con un criterio.
- Promover un estilo de vida cooperativo y solidario; la competitividad suele incrementar el egocentrismo.
Escuchemos a los sabios:
Epicteto: “Una vida feliz se centra en tres logros principales: dominar el deseo, cumplir con el deber y pensar con claridad sobre uno mismo y sus relaciones dentro de la gran comunidad de los seres humanos”.
B. Cyrulnik: “Mientras el trauma carezca de sentido, permancemos aturdidos, trastornados por los torbellinos de informaciones contradictorias que nos vuelven incapaces de decidir”.
F. Arriano: “Cuando algo acontece, lo único que está en tu mano es la actitud que tomas al respecto: puedes aceptarlo como es o tomarlo a mal”.
F. Nietzsche: “Tu honor no lo constituye tu origen sino tu fin”.
Confucio: “No son las malas hierbas las que ahogan la buena semilla, sino la negligencia del campesino”.
Bibliografía:
Viktor E. Frankl: “Psychotherapy and existentialism”. Washington Square Press
Lou Marinoff: “Más Platón y menos Prozac”. Ediciones B-2000
Erick Fromm: “Miedo a la libertad”. Paidós.
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