La multiplicidad de fuentes de información nos genera ansiedad porque nuestro cerebro se ve obligado a recibir, procesar y utilizar la información que recibe en función de sus intereses, teniendo que decidir rápidamente entre lo que le es esencial y lo que debe despreciar como superfluo.

Las nuevas tecnologías que tanto nos ayudan en el desarrollo de nuestro trabajo, son también las causantes de situaciones estresantes. Cuando no se cumplen nuestras expectativas a causa de fallos técnicos: el ordenador "se cuelga", el mail no acaba de pasar o no tenemos cobertura para hablar con el móvil, nos invade una sensación de impotencia y frustración que nos hace olvidar que hace poquísimo tiempo resolvíamos nuestros problemas sin estas ayudas sofisticadas, lo que era en definitiva mejor para nuestra salud, a la que favorecen más las relaciones personales y próximas que las lejanas y virtuales.

La dinámica actual de vida nos aboca al cansancio pero tenemos que distinguir grados dentro de él. El cansancio puede deberse a un esfuerzo físico o mental que nos obliga a utilizar todas nuestras reservas de energía, muchas veces estas son insuficientes y nuestro organismo reclama una pausa para reponerse. Cuando el cansancio es meramente físico se elimina con el reposo; es prácticamente inexistente a primeras horas del día y alcanza su punto máximo al fin de la jornada después que hemos realizado todas las tareas, pero no perturba el sueño, al contrario, es el mejor remedio para desprenderse de él.

Si embargo la vida actual, nos lleva muchas veces a querer superar nuestras posibilidades físicas o intelectuales y para poder hacerlo emprendemos un camino peligroso que puede minar nuestra salud y, paradójicamente, mermar nuestras posibilidades de realizar tareas. Por supuesto no me estoy refiriendo a un dopaje como el que siguen muchos deportistas, pero sí al abuso de café, tabaco, vitaminas y alcohol a través del cual esperamos reforzar nuestras fuerzas para terminar un trabajo o mantener la buena apariencia y humor en una reunión al final de un día lleno de trabajo, cuando en realidad nuestro cuerpo se siente apaleado, lleno de picores y con el pensamiento poco esclarecido para expresar opiniones o tomar decisiones. Si esta situación solo se presenta con una frecuencia anecdótica, es fácil de superar, además de las ayudas mencionadas existen medicamentos antifatiga, que pueden reactivar momentáneamente nuestro organismo y ayudarnos a superar el bache, pero... su consumo continuado nos perjudica, perturba nuestro sueño, disminuye nuestras defensas inmunitarias y entramos en la fase de "despertarnos ya cansados", por no citar el acortamiento temporal de sus efectos y los muchos riesgos secundarios, algunos verdaderamente peligrosos a los que estamos expuestos. No se trata por supuesto de prescindir de las nuevas tecnologías, pero es importante saberlas administrar, para que no se apoderen de nuestra vida, es necesario marcar una separación entre la vida profesional y la vida privada, para evitar una saturación mental, que en definitiva perjudica a las dos. Es necesario marcar áreas de trabajo. No se puede hacer todo al mismo tiempo: leer un informe, hablar con el profesor de nuestro hijo con el móvil y anotar las compras que debemos hacer por la tarde, unos segundos de reflexión son necesarios antes de cada actividad.

Muchos de nosotros sobrepasamos con nuestra actividad, nuestras posibilidades reales y esto les sucede lo mismo a los hombres que a las mujeres; es muy frecuente en estas tener en su mente el ideal de "superwoman": triunfar en su trabajo, realizar las tareas domésticas, conducir armoniosamente las relaciones familiares, ayudar a los amigos y conservarse atractiva; intentar conseguir todo esto requiere un esfuerzo enorme y es imposible de alcanzar, lo que repercute de manera negativa en su salud física y anímica, puesto que todos estos objetivos debe cubrirlos en soledad.

En los hombres el esfuerzo arranca de una falta de aprecio por sus cualidades, que les arrastra a seguir una dinámica competitiva y cada vez más ambiciosa, que los sitúe en el grupo de "triunfadores", y hasta el momento de una grave enfermedad, la pérdida del trabajo o la destrucción de su vida familiar, no se dan cuenta de que han seguido un camino en el que nadie, ni ellos tan siquiera encontraran la felicidad.

Es preciso realizar nuestro trabajo de una forma racional utilizando las ayudas de las nuevas tecnologías, pero cuidando que ellas estén a nuestro servicio y no nos desborden. No debemos esperar a tener problemas para reorganizar nuestras actividades según un orden prioritario, suprimiendo o delegando en otra persona alguna de ellas. Reducir nuestros gastos energéticos, analizando seriamente la posibilidad de sustituir acciones o renunciar a determinadas actividades, como una cena o excursión que sobrecargan nuestra agenda, sin permitirnos descansar. Hay que procurar no multiplicar las reuniones, incluso fuera de las horas de trabajo, reducir las llamadas telefónicas que mantienen nuestra atención siempre en actividad, pero que reducen el tiempo que debemos dedicar a otras cosas; seguro que con una buena reestructuración nuestro trabajo y nuestro cuerpo funcionaran mejor.

Si tras unas semanas siguiendo estas normas el cansancio sigue agobiándonos, debemos ir al médico para que realice un chequeo de nuestro organismo y si nada se encuentra dañado existe un remedio eficaz: unas vacaciones en las que desconectéis de vuestras actividades totalmente, dejad el móvil en casa y cambiad vuestro escenario: un país exótico, una playa no necesariamente en el Caribe, paseos por el monte, un monasterio, cualquiera de estos u otros panoramas que podáis buscar, os ayudaran a recargar las pilas y enfrentar la lucha diaria con mejores recursos, dentro de una óptica humanista.

Andrés Solis - Cyberpadres

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