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El
entorno en que nos movemos lo tenemos tan asimilado, que no despierta
en absoluto nuestro interés y por supuesto no somos conscientes de sus
características, funcionalidad o belleza.
Intentar descubrirlo y hacer partícipes de esta investigación a nuestros
hijos puede ser una meta fácilmente alcanzable, que nos proporcionará
información y nos preparará para extraer mayor satisfacción cuando realicemos
una visita propiamente turística a lugares o ciudades a los que acudamos
por primera vez.
Se debe empezar por algo sencillo, por ejemplo si existe un plano de la
población analizar la disposición de las calles y tratar de relacionar
este con su antigüedad.
Situar el núcleo inicial y ver la disposición de los ensanches o barrios
nuevos, razonarlos motivos de la dirección del ensanche. ¿Hay una carretera
nueva? ¿Una estación de ferrocarril o autobuses? ¿Un polígono industrial?.
Otra línea de investigación podría ser la nomenclatura de las calles.
Recopilar los nombres viendo a que criterios obedecen, geográficos: calle
del río; arquitectónicos: calle de la muralla, de la fuente o se dedican
a personalidades o políticos. Se debe intentar saber cuales son los más
antiguos y también en el caso de las personalidades averiguar, sino se
sabe, cuando vivieron a que deben su celebridad y si tienen alguna relación
con nuestra ciudad. Tratar de averiguar si las calles han tenido otro
nombre.

