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La violencia está indudablemente presente en nuestra vida por más que nos consideremos unos ciudadanos pacíficos e integrados en una sociedad que se desarrolla en un país de los considerados "desarrollados". El
comentario mesurado por nuestra parte de la improcedencia de que los perros
defequen en medio de las aceras, puede ocasionarnos el recibir una violenta
diatriba sobre nuestra poca comprensión y amor hacia estos amigos del
hombre e incluso alguna agresión si insistimos en nuestra opinión. Pero creo que es la circulación viaria la que genera mayor violencia en las ciudades: los coches particulares, los taxis, los autobuses escolares, las furgonetas de reparto, las motos, las bicicletas, los patinadores y los peatones, luchan denodadamente por el mismo espacio, procurando aprovechar al máximo sus prerrogativas; el tráfico rodado se estaciona parcialmente en el paso de peatones para aprovechar con ventaja el cambio de semáforo, los peatones recriminan con semblante agrio a los conductores que suelen poner cara de estar en otra galaxia. También los peatones inician muchas veces el cruce antes de que el semáforo se ponga verde y, curiosamente, suelen ser las personas de más edad y menos agilidad las que lo hacen, como si se les hiciera tarde para llegar a algún sitio, poniendo en peligro su vida y dando mal ejemplo a los niños. Los autobuses y los camiones presionan al débil peatón en los pasos de cebra y los semáforos intermitentes, consiguiendo que sea aquel el que les ceda el paso. Los usuarios de moto están en una situación privilegiada a la hora de circular y aparcar, pero frecuentemente abusan de sus posibilidades y ocasionan accidentes por la imposibilidad de evitar colisionar con ellos. Hasta los ecológicos ciclistas tienen problemas, si están integrados en el tráfico normal se les presentan peligros, y, si están rodando por las vías exclusivas, suelen los peatones invadir éstas y no son raras las imprecaciones por uno u otro bando cuando se encuentran. Pero no sólo existe violencia entre los adultos, ésta comienza ya en la escuela y no sólo en las que existen en barrios marginales, sino incluso en las de élite: robos de material escolar, equipos deportivos, jerséis y abrigos ocurren todos los días; insultos, extorsiones sobre los más débiles, vejaciones, incluso amenazas con navajas u otro objeto punzante a otros niños e incluso a los profesores, hacia los que desde luego, en líneas generales, los alumnos muestran rechazo. Esta sensación de agresión y autodefensa hace que circulemos en coche o a pie con mirada dura, boca apretada hasta convertirla en una delgada línea y que observemos con suspicacia a las personas desconocidas que se atreven a preguntar algo; también ellas suelen elegir al interlocutor, entre los que les parecen menos conflictivos, por ejemplo personas mayores, mujeres..... Me gustaría que algún político pusiera entre sus objetivos el conseguir la recuperación de los valores sociales que hemos perdido, porque estoy firmemente convencida, que si fuéramos capaces de convivir, cediendo espontáneamente alguno de nuestros derechos y respetásemos de forma natural los de los demás, viviríamos todos mucho mejor. Beatriz Ballester - CyberPadres |
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