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De las tres ramas principales del arte,
la que solemos admirar de forma prioritaria es la pintura; en los
Museos es mucho más amplia esa sección que la de escultura
y arquitectura, edificio aparte que siempre suele ser interesante
desde el punto de vista arquitectónico, todo lo más
que solemos encontrar es una exposición de planos, proyectos
o fotografías de monumentos arquitectónicos.
Precisamente por la facilidad de admirar
muestras pictóricas, ya que no solamente tenemos los Museos
sino también la Exposiciones temporales que han proliferado
y ponen a nuestro alcance obras que difícilmente podríamos
admirar y también las que se encuentran en los lugares para
los que fueron creadas: Iglesias, palacios, etc. insistimos más
en los elementos que hay que tener en cuenta, cuando los contemplamos
con el objeto de sacar la mayor información posible acerca
de ellas y también los condicionamientos e intenciones del
autor.
Pasado ya el periodo greco-romano las representaciones
pictóricas son prácticamente todas de temática
religiosa; en aquella sociedad analfabeta, la pintura, bien sobre
los muros o sobre otro soporte era la forma e ilustrar a los fieles,
sobre los misterios divinos y las vida de los santos, su contemplación
servía de refuerzo a las pláticas religiosas. Podríamos
decir que era una pintura didáctica.
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Pinturas al fresco del exterior del Monasterio
de Moldovita en Rumanía, s. XVI con escenas evangélicas
y santos.
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Con objeto de que las ideas adquiridas fueran
claras y universales se adoptan simbolismos, tanto en la forma,
como en la composición y en los colores.
En la pintura bizantina, puente entre la romana
y la pintura prerrománica y románica, las figuras
son hieráticas, para transmitir majestad, sobre fondo dorado,
como símbolo de su santidad y con atributos característicos
e inmutables que definen su personalidad: las letras alfa y omega
para Cristo en Majestad, las llaves para San Pedro etc..
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Fresco del ábside de San Clemente
de Tahull, actualmente en el Museo de arte de Cataluña
en Barcelona. Cristo en Majestad (Pantocrátor) identificado
por estar en un trono, inscrito en un óvalo que recibe
el nombre artístico de Mandorla.
Está bendiciendo con la mano derecha
y en la izquierda lleva un libro abierto en el que se puede
leer: Ego sunt lux mundi (Yo soy la luz del mundo) a su derecha
e izquierda están las letras Alfa y Omega, primera
y última del alfabeto griego, queriendo significar
que él es el principio y final de todas las cosas.
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| Estas reglas perduran a
través del tiempo y a veces nos pueden confundir con
respecto a la antigüedad de una obra, esto ocurre en casi
todos los estilos artísticos, siempre hay perduraciones
que enmascaran las obras pero cuando existen unos principios
de tipo religioso estético, la falsa idea de la identidad
del estilo es mas común, un ejemplo típico sería
el arte escultórico y pictórico egipcio que a
los ojos de un profano es igual a lo largo de 2.000 años.
Otra de las características
de la pintura primitiva es colocar la figura principal en
un lugar central y destacado y colocar los demás elementos
de la composición, en su entorno, pero sin ninguna
perspectiva, aunque a veces su situación diagonal,
crea una cierta perspectiva accidental.
Lo que les interesa es transmitir
es una determinada imagen bíblica, evangélica
o sobre la vida de un santo, en la que el predicador se apoyará
en el momento que hable a los fieles; la imagen tiene que
ayudar a comprender la idea y la doctrina.
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| Natividad, fragmento del
frontal de Aviá, hoy en el Museo de Arte de Cataluña.
La figura del niño Jesús
ocupa el centro y las demás están distribuidas
a su alrededor sin que exista una perspectiva real.
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| Para nosotros
que vivimos en una cultura de la imagen, es fácil comprender
la intencionalidad. Los querubines rodeando el trono de Dios,
con ojos en las alas, ayudaban a comprender que este lo viera
y supiera todo, los animales monstruosos ayudaban a visualizar
el horror de los vicios y el pecado y así sucesivamente.
En el gótico aparece una jerarquización
religiosa Dios Padre, Jesucristo y la Virgen, son representados
de mayor tamaño que los santos y los humanos, generalmente
los donantes, mucho mas pequeños, para dar una idea
clara de su categoría.
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| Querubines. Proceden de la iglesia
de Esterri de Aneu. Están representados con seis pares
de alas desplegadas y llenas de ojos para simbolizar su rapidez
y vigilancia en el trono del Altísimo. |
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| Retablo procedente de la iglesia conventual
de los Antoninos de Issenheim, autor Matías Grünewald.
Museo de Colmar.
En el se representan las tentaciones y pecados que acechan
a San Antonio bajo la forma de repulsivos monstruos.
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| Es en el Renacimiento cuando al considerarse
al hombre como centro y medida de toda la cosas, ya no se realiza
una separación entre lo divino y lo humano y las figuras
y los objetos tienen un tamaño relacionado con el lugar,
que ocupan en el espacio, es a partir de este momento cuando
podemos hablar de la perspectiva y sus clases. |
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La escuela de Atenas de Rafael (fragmento)
1512. Vaticano. Los personajes están situados en un
espacio visual, organizado desde un punto de fuga central.
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