La
Pintura IV
De las tres ramas principales del arte, la que solemos admirar
de forma prioritaria es la pintura; en los Museos es mucho más
amplia esa sección que la de escultura y arquitectura,
edificio aparte que siempre suele ser interesante desde el punto
de vista arquitectónico, todo lo más que solemos
encontrar es una exposición de planos, proyectos o fotografías
de monumentos arquitectónicos.
Precisamente por la facilidad de admirar muestras pictóricas,
ya que no solamente tenemos los Museos sino también la
Exposiciones temporales que han proliferado y ponen a nuestro
alcance obras que difícilmente podríamos admirar
y también las que se encuentran en los lugares para los
que fueron creadas: Iglesias, palacios, etc. insistimos más
en los elementos que hay que tener en cuenta, cuando los contemplamos
con el objeto de sacar la mayor información posible acerca
de ellas y también los condicionamientos e intenciones
del autor.
Pasado ya el periodo greco-romano las representaciones pictóricas
son prácticamente todas de temática religiosa; en
aquella sociedad analfabeta, la pintura, bien sobre los muros
o sobre otro soporte era la forma e ilustrar a los fieles, sobre
los misterios divinos y las vida de los santos, su contemplación
servía de refuerzo a las pláticas religiosas. Podríamos
decir que era una pintura didáctica.
Con objeto de que las ideas adquiridas fueran claras y universales
se adoptan simbolismos, tanto en la forma, como en la composición
y en los colores.
En la pintura bizantina, puente entre la romana y la pintura prerrománica
y románica, las figuras son hieráticas, para transmitir
majestad, sobre fondo dorado, como símbolo de su santidad
y con atributos característicos e inmutables que definen
su personalidad: las letras alfa y omega para Cristo en Majestad,
las llaves para San Pedro etc..
Estas reglas perduran a través del tiempo y a veces nos
pueden confundir con respecto a la antigüedad de una obra,
esto ocurre en casi todos los estilos artísticos, siempre
hay perduraciones que enmascaran las obras pero cuando existen
unos principios de tipo religioso estético, la falsa idea
de la identidad del estilo es mas común, un ejemplo típico
sería el arte escultórico y pictórico egipcio
que a los ojos de un profano es igual a lo largo de 2.000 años.
Otra de las características de la pintura primitiva es
colocar la figura principal en un lugar central y destacado y
colocar los demás elementos de la composición, en
su entorno, pero sin ninguna perspectiva, aunque a veces su situación
diagonal, crea una cierta perspectiva accidental.
Lo que les interesa es transmitir es una determinada imagen bíblica,
evangélica o sobre la vida de un santo, en la que el predicador
se apoyará en el momento que hable a los fieles; la imagen
tiene que ayudar a comprender la idea y la doctrina.
Para nosotros que vivimos en una cultura
de la imagen, es fácil comprender la intencionalidad. Los
querubines rodeando el trono de Dios, con ojos en las alas, ayudaban
a comprender que este lo viera y supiera todo, los animales monstruosos
ayudaban a visualizar el horror de los vicios y el pecado y así
sucesivamente.
En el gótico aparece una jerarquización religiosa
Dios Padre, Jesucristo y la Virgen, son representados de mayor
tamaño que los santos y los humanos, generalmente los donantes,
mucho mas pequeños, para dar una idea clara de su categoría.
Es en el Renacimiento cuando al considerarse
al hombre como centro y medida de toda la cosas, ya no se realiza
una separación entre lo divino y lo humano y las figuras
y los objetos tienen un tamaño relacionado con el lugar,
que ocupan en el espacio, es a partir de este momento cuando podemos
hablar de la perspectiva y sus clases.