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Se
consideran propio de la arquitectura los espacios delimitados y
construídos que el hombre usa, sea para vivienda o para cualquier
otro tipo de actividad (religiosa, deportiva, comercial, etc.).
El
espacio se delimita construyendo muros y cubriéndolos después,
para que ofrezca la posibilidad de usarlo como vivienda, almacén,
lugar de culto o cualquiera de las actividades para las que fue
concebido.
La
arquitectura es una de las primeras actividades del hombre, la humanidad
compartió y disputó las cuevas naturales a los animales,
pero cuando se fue ampliando su marco vital y se convirtió
en sedentario, no le quedó más remedio que construir
viviendas permanentes, para vivir, almacenar sus alimentos y guardar
el ganado. Solían colocarlos en lugares elevados para divisar
con tiempo a los visitantes y defenderse si eran enemigos.
En
estos primeros tiempos históricos, estas construcciones no
tenían más fin que el funcional de proporcionar albergue
y no existía ningún tipo de intención artística.
Pero cuando se desarrollan estructuras sociales más complicadas
en las que tienen un papel destacado las creencias, la política
o la economía surgen edificios monumentales en los que se
intenta destacar sus elementos arquitectónicos con el fin
de mostrar su importancia frente a los edificios de los ciudadanos
corrientes.
En
toda construcción existen unos elementos esenciales que son:
la planta, los muros y la cubierta; según los materiales
utilizados y las técnicas empleadas, el aspecto es distinto
y se han sistematizado y agrupado utilizando también la cronología
en lo que hoy conocemos como estilos arquitectónicos.
La
planta delimita el espacio que se construye y comprende el
diseño de la forma que va a tener el edificio y la clase
de elementos que estarán incluidos en su alzado (muros, columnas,
pilastras, vanos, etc); es la parte del edificio que más
perdura, pues aunque se haya destruído, si no se han removido
los terrenos es posible ver la forma y tipo de elementos constructivos
que lo componían.
Los
muros, son elementos compactos que componen la forma del edificio
en altura, separando también, los espacios interiores.
La
cubierta, como su nombre indica cierra por la parte superior
del edificio, el espacio diseñado por la planta y los muros.
Dos son las formas más sencillas de realizar este cubrimiento:
el dintel y la bóveda. Durante siglos los arquitectos
se han esforzado en encontrar soluciones adecuadas de uno u otro
cubrimiento, con el deseo de realizar edifícios más
bellos, ligeros y de mayor tamaño.
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