Cuando
uno es joven, está determinado a decir "las
cosas tal cual son”. Luego, ese fuego es temperado
por la compasión de los años y con
dilemas -y paradojas- de nuestra propia vida, tanto
personal como profesional.
Nuestras certezas lentamente dan paso a nuestra
humildad y a una creciente sensación
de que hay muchas maneras de decir “las cosas tal cual son”; que
cualquier situación puede ser experienciada desde múltiples perspectivas.
Esta es la sabiduría que nos da el tiempo: la de ver las cosas con otras
emociones, y otros conocimientos...
Estas otras perspectivas, son las mismas que podríamos alcanzar abriéndonos
a otros; compartiendo con personas de otras generaciones, otras procedencias,
y otras vivencias. La magia de la diversidad, es la de oferecernos todas esas
perspectivas, sin necesidad de envejecer.
Martín
Castro |