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Con esta denominación, Halloween es una festividad reciente en España conocida principalmente a través de las películas americanas; pero el culto a los muertos, el miedo que los temas de ultratumba sugieren y los ritos que con este motivo han ido surgiendo, se remontan en la historia de la humanidad a la prehistoria. Desde ese lejano periodo han ido evolucionando la política y la religión; han ido dejando su impronta y actualmente el marketing ha puesto su empeño en universalizar una serie de temas que pueden proporcionar beneficios económicos en muchos sectores: libros, grandes superficies, cine, gastronomía, parques temáticos y muchos otros.
El culto y respeto a los muertos es el indicio que hace conocer a los arqueólogos la existencia de preocupaciones espirituales en el grupo humano que investigan; según la importancia de éste, sus costumbres alcanzan una mayor difusión y permanencia. En Europa tenemos un grupo importante: el constituído por los celtas, el cual ha dejado una honda impronta en nuestra civilización y en algunas zonas se han conservado sus tradiciones hasta el momento actual, aunque ciertamente modificadas. Según la documentación existente, los celtas celebraban cuatro grandes fiestas durante el año relacionadas con el ciclo agrario. El 1º de noviembre celebraban la fiesta de Samain, en la que se conmemoraba el comienzo del nuevo año después del verano, las fiestas duraban 3 días y comenzaban el 31 de octubre en cuya noche Hallowe'en ("All hallow's eve" , palabras del inglés antiguo que significan "víspera de todos los santos"), antes de comenzar el nuevo año tenía lugar la conjunción entre el mundo de los vivos y el de los muertos. El día 1º de noviembre estaba dedicado a los héroes y el 2º a los muertos, con grandes manifestaciones rituales. Con el fin de asimilar esta costumbre tan arraigada, la Iglesia católica en el año 835 trasladó la festividad de Todos los Santos que se celebraba en mayo al 1 de noviembre y el Día de Difuntos más tarde en el 988 se instauró en el 2 de noviembre, buscando un sincretismo entre la tradición pagana y el cristianismo. Fue costumbre durante muchos siglos, encender hogueras en las colinas para espantar al mal y se invocaba la protección de los antepasados, como espíritus amigos que podían proteger a sus descendientes. Todavía en tiempos de la Reina Victoria se encendía una gran hoguera en Balmoral. En principio, los fantasmas como visión del difunto, no eran causa de miedo, sino de respeto porque proporcionaban la comunicación con el reino de la muerte. En esta línea la costumbre española de representar Don Juan Tenorio está plenamente justificada ya que armoniza la vida y la ultratumba con gran maestría. Este personaje, creado por Tirso de Molina, se atreve a ir al cementerio, la noche de Todos los Santos, a conjurar la almas de quienes habían sido víctimas de su espada o sus deseos. Los celtas tenían costumbre de vaciar nabos y ponerles una vela dentro como representación de las cabezas cortadas a sus enemigos. Hay que recordar que las calabazas son originarias de Centroamérica siendo los emigrantes irlandeses los que llevaron allí la tradición; éstos pronto sustituyeron los nabos por calabazas, más fáciles de vaciar y más vistosas. En algunas zonas españolas de fuerte influencia celta, como Asturias y Galicia, se conservaba esta tradición en el Día de los Difuntos. En Galicia se unen dos tradiciones, la celta y la católica, por lo que en esta región de España es en la que más perdura la tradición en el recuerdo de los muertos y las animas del purgatorio, muy unidas al folklore local, así como las leyendas de aparecidos y fantasmas. En Asturias están documentadas dos costumbres que solemos identificar con el Halloween americano: hacer farolas con calabazas en la noche de Todos los Santos y la de que los niños vayan pidiendo dulces o comida por las casas; la primera pervivió hasta los años 50 del siglo pasado y la segunda, fue prohibida por la Iglesia en el s.XVIII.
En Latinoamérica perviven estas características llevadas a aquellas tierras por los españoles, aunque la influencia norteamericana también se deje sentir. Estas tradición sin duda sobresale en México pero, aunque existe una gran diversidad de costumbres, no dejan de tener el mismo significado para todas las culturas de Latinoamérica. En partes rurales de Perú, por ejemplo, la celebración del Día de los Muertos empieza el 1º de noviembre y termina el 2º de noviembre.
Las ofrendas
para el fallecido incluyen aquellas comidas que el difunto disfrutaba
cuando estaba con vida o alguna cosa que hubiese sido importante para
él. La costumbre es dejar las ofrendas durante toda la noche para
que el difunto pueda tener tiempo de disfrutarlas. Al día
siguiente
se reza por los difuntos y ya se puede comer lo que se les había
dejado de ofrenda. En las ciudades, el Día de los Muertos se celebra de una forma más sencilla; en lugar de poner las ofrendas toda la noche, se ponen el día 2º de noviembre y se dejan en el altar durante toda la tarde, al atardecer van al cementerio a visitar a sus muertos y a dejarles flores.
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