Los últimos
días de vacaciones empiezan
a marcar un periodo de cierto nerviosismo en cada hogar ante
la nueva etapa.
El verano ha sido largo y para muchos padres
ha revestido dificultades, han tenido que coordinar sus actividades
laborales con el periodo vacacional de sus hijos arbitrando
soluciones varias: campamentos, cursillos, estancias en casas
de amigos o parientes, viajes familiares, etc.
Dentro de muy pocos días, estas soluciones
ya no serán necesarias ya que empiezan las clases
y los hogares entrarán en una rutina condicionada
por las actividades escolares.
Las primeras semanas estarán marcadas
por una serie de actividades nuevas: recoger y forrar los
libros, comprar cuadernos, bolígrafos, reglas y todo
el material escolar necesario, formalizar los horarios de
las actividades extraescolares, comprar ropa, zapatos,…. ¡una
ruina!. Curiosamente, ésta es la etapa que más
les gusta a los escolares, todo son novedades para ellos
sin ningún esfuerzo, en cambio para los padres es
un auténtico calvario, hay que dedicarle mucho tiempo
y bastante dinero.
Sin embargo, esto es sólo el comienzo
y además podríamos decir que es automático,
todo está previsto y se van cubriendo objetivos con
ilusión, pero deberíamos tener en cuenta que,
a partir de ese momento, los adultos no hemos terminado nuestra
misión con los niños y que estos no pueden
ser dejados a su propio arbitrio pensando, que la escuela
los instruirá y educará. Ésta es una
tarea que se ha de realizar con la colaboración y
responsabilidad familiar que debe completar el trabajo de
los centros educativos, manteniendo una comunicación
fluida con la escuela y los profesores.
Los padres deben procurar comprender que su
hijo en clase es uno más y que debe mantener una
conducta social adecuada, además de adquirir conocimientos,
esto es fundamental para que se convierta en un ciudadano
adulto y útil a la sociedad. Si creen tener alguna
objeción seria respecto a la enseñanza o trato
que reciben sus hijos, deben hablar con la persona adecuada:
profesor y/o director y tratar de resolver el problema, a
ser posible, sin que el niño/a se entere, pues es un tema
fuera de su competencia.
Visitar el colegio, hablar con los profesores
y con el tutor es interesante para el progreso adecuado del
alumno; cualquier problema detectado en su inicio tiene
más
fácil solución, sin contar con que, para los
niños, el saber que sus padres se implican y que tienen
un verdadero interés por sus estudios, les resulta
muy gratificante.
Volver a interesarse en las tareas escolares,
leer libros relacionados con ellas y esforzarse por ampliar
el horizonte cultural de nuestros hijos y al mismo tiempo
tender puentes entre ellosy nosotros, es en realidad, el
nuevo plan que surge ante nosotros al terminar el periodo
vacacional de nuestros hijos. |