El juego empieza a perder importancia entre los jóvenes a partir de los doce años. A esta edad las tecnologías empiezan a sustituir al juguete tradicional. Los juegos que fomentaban la socialización ceden su espacio a productos que fomentan el individualismo. Los jóvenes en encierran en sí mismos y es en este nuevo espacio donde la comunicación con su entorno más cercano comienza a desaparecer. Es por ello que los expertos del Observatorio del Juego Infantil, promovido por la Asociación Española de Fabricantes de Juguetes (AEFJ), señalan la importancia del juego como vía de comunicación eficaz para favorecer la comunicación y el entendimiento entre padres e hijos adolescentes (www.daletiempoaljuego.com).
El hecho de que tradicionalmente se considere la actividad lúdica como patrimonio exclusivo de la población infantil hace que sea aparentemente ignorada en la adolescencia. No obstante, la realidad demuestra que niños, jóvenes, adultos y ancianos juegan y disfrutan de una actitud lúdica aunque sea desde un prisma diferente.
Entre los doce y los diecinueve años los adolescentes sufren una serie de cambios morfológicos, orgánicos y psíquicos que suelen generar confusión e inseguridad. Pierden el interés en el juego y se refugian en un nuevo espacio creado por las últimas tecnologías. Y es en este mundo virtual donde pasan la mayor parte del tiempo, abandonando la comunicación social y cercana. Para los expertos, es por esta razón que los adolescentes lo cuestionan todo y que la relación entre padres e hijos plantea ciertas dificultades.
El estudio Valores y Pautas de Interacción familiar en la adolescencia (13-18 años)(1) realizado por Petra Mª Pérez Alonso-Geta, Catedrática de Teoría de la Educación de la Universidad de Valencia y miembro del Observatorio del Juego Infantil (OJI) demuestra que la actividad que más comparten los adolescentes es ver la TV, con el 66, 3%; que sólo el 61,3% suele hablar con sus padres sobre temas de actualidad o sobre cualquier otra cosa y que el 19,2% comparte actividades de ocio, cine, culturales, deporte etc.
Para esta experta nacional e internacional sobre los estilos de vida y valores en los periodos infantil y juvenil, “la adolescencia es un periodo básico para la formación, la maduración, la identificación y el descubrimiento personal, y es precisamente aquí, donde los padres juegan un papel fundamental. Los adolescentes necesitan la ayuda de sus padres, establecer puentes de comunicación y tiempo de ocio compartido, pues en esta etapa la compañía de los padres sigue siendo fundamental para su desarrollo”.
El juego, esencial para la formación y adaptación
Petra Mª Pérez Alonso-Geta subraya: “una de las vías de comunicación más eficaces con las que cuentan los padres de hijos adolescentes es el juego. El juego contribuye de forma eficaz a facilitar el proceso de adaptación y formación, si se presenta de forma adecuada. Además, permite divertirse juntos, favorece el intercambio de vivencias personales, fortalece los vínculos afectivos y sienta las bases para una buena comunicación intergeneracional. Sin embargo, según otro estudio de esta experta del OJI los datos muestran, que a partir de los 12 años solo el 8,4% juega a diario con sus padres, frente a otras actividades compartidas como ver la televisión con el 45,5%(2)”.
Juegos y juguetes indicados en la adolescencia
Para Pérez Alonso-Geta, “los juegos más adecuados para la adolescencia son aquellos que presentan retos y desafíos para la mente. Buen ejemplo de ello son los juegos de mesa, los de ingenio y de estrategia, juegos de hipótesis que permiten usar distintas variables, los juegos que permiten demostrar conocimientos adquiridos en distintas temáticas, los juegos de palabras, los de equipo, y los que permiten reír y divertirse con familiares y amigos”.
En la misma línea, prosigue la experta, “son aconsejables los juegos que apoyan hobbies o actividades científicas: software, microscopios y telescopios, manualidades y los que promueven actividaes deportivas, bicicletas, rollers o skates, tableros de básquet, etc. No olvidemos que tras su energía, su dimamásmo, su inconformismo hay todo un potencial de búsqueda, de reto innovador, que si se les ayuda a encauzar, permite sentar las bases de un futuro prometedor”.