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Una
de las enfermedades que aqueja tanto a los adultos como a los niños
es la diabetes que, aunque
no es propiamente hereditaria, la propensión a ser diabético
si los padres lo son, es muy elevada.
Debidamente
supervisada, la diabetes es una enfermedad cómoda, no produce
dolores y permite llevar una vida normal, pero tiene riesgos como
el coma diabético y en
caso de heridas u operaciones, la cicatrización es dificultosa.
La
insuficiente secreción de insulina por el páncreas
hace que la combustión de glucosa (necesaria porque produce
energía e impulsa el metabolismo corporal) sea defectuosa.
Existen
distintos tipos de diabetes y será al médico a quien
corresponda diagnosticarlas y ordenar el tratamiento y las normas
sobre alimentos en cuanto a calidad y cantidad que debe ingerir
el enfermo y también la insulina que precise en cada caso.
En
líneas generales, puede decirse que el 40-50% de las calorías
que tome, deben proceder de hidratos de carbono, pero no de los
simples como el azúcar que se convierte rápidamente
en glucosa, sino de los llamados hidratos
de carbono complejos, tipo almidón. También
hay que limitar la ingestión de alimentos que aumenten la
tasa de colesterol porque reforzaría la tendencia a adquirir
enfermedades cardiacas que tienen los diabéticos.
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