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¿Qué
hay que contar a los niños?
No conviene negar los hechos,
sino explicarlos con serenidad para reconducir la ansiedad de los
niños
JORDI
SASOT LLEVADOT. Coordinador de la Unidad de Paidopsiquiatría
de Centro Médico Teknon
En
nuestra sociedad, los niños y adolescentes pueden ser fácilmente
testigos de acontecimientos traumáticos. Esta realidad es
vivida en forma significativa a través de los medios de comunicación
y en ocasiones los niños y adolescentes pueden llegar a ser
testigos directos de estos acontecimientos. Son momentos en que
los padres y educadores han de intervenir para evitar desde erróneas
interpretaciones que pueden facilitar que el miedo se transforme
en fobia hasta situaciones en que el niño o adolescente tolere
en forma virtual el acontecimiento traumático como si fuera
un videojuego.
Evidentemente no es la misma explicación la que se
debe dar al niño que vive el hecho in situ, que a aquel que
lo conoce por otras vías. No obstante, la respuesta debe
ser equivalente independientemente del canal por el que llegue la
experiencia estresante. Un niño o un adolescente necesita
siempre ayuda para comprender una vivencia traumática.
Las secuelas de los acontecimientos vitales traumáticos
se conocen como trastorno por estrés postraumático.
La mejor manera de ayudar a estos niños no es negar la evidencia
(aunque puede ser el propio niño quien la niegue) sino facilitar
una respuesta que busque tranquilizar. De este modo, se podrá
reconducir la ansiedad antes de que se convierta en miedo o en fobia.
Así pues, el objetivo inmediato es explicar lo ocurrido,
pero sin vivenciar la situación, sino analizando los hechos
mediante una satisfactoria descripción que busque reconducir
la ansiedad. Es necesario que el adulto no manifieste su estrés.
En niños pequeños es muy útil, más que
la palabra, facilitar la proyección de lo ocurrido mediante
el juego o el dibujo. Así, el niño tiene la oportunidad
de expresar sus sentimientos, la percepción del acontecimiento
estresante, lo que significa para él, delimitar sus preocupaciones,
que pueden a su vez ser contestadas por el adulto... Todo ello facilitará
su adaptación a la normalidad.
Conviene dar una respuesta objetiva, considerando el acontecimiento
vital como un hecho concreto que ocurre en un momento determinado,
y nunca como una circunstancia que puede ser capaz de condicionar
sus emociones.
En este sentido, hay que evitar caer en interpretaciones
subjetivas, así como en el inmediato mecanismo de defensa
de los niños, que es la negación. Aunque pasen por
esta fase, la vivencia de la realidad persiste en su mente. Y finalmente,
conviene dejar un tiempo de asimilación. Las primeras respuestas
buscan tranquilizar y contener las ansiedades, pero también
es necesario, ya en frío y pasados unos días, recordar
y comprobar que el acontecimiento no haya producido ningún
tipo de consecuencia emocional en el niño.
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JORDI
SASOT LLEVADOT. Coordinador de la Unidad de Paidopsiquiatría
de Centro Médico Teknon |
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