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Hablar
hoy en día de la educación de los hijos es un
tema prioritario, no sólo dentro de variables de normalidad,
sino también para su repercusión preventiva
en niños y adolescentes que presentan alteraciones
de comportamiento.
Todos
somos plenamente conscientes de la determinación genética
y cómo condiciona su desarrollo del cerebro; ahora
bien, la educación es un hecho clave que a través
de la familia puede modificar de forma significativa y favorable
el desarrollo de nuestros hijos.
¿Qué
tenemos que hacer para hacerlo bien?
No
es suficiente tener conocimiento, sino fundamentalmente tiempo
para educar. La falta de tiempo educativo genera fácilmente
sobre protección y no un desarrollo de la capacidad
de frustración, hecho que facilita ofrecer modelos
educativos erróneos basados en el autoritarismo o la
permisividad.
¿Quién
educa hoy en día?
¿Los
padres, la escuela, la televisión, Internet? Quizá
toleremos demasiado un entorno en el que las influencias mediáticas
son decisivas. Entorno mediático que por otro lado
no resuelve la educación de los hábitos ni de
las actitudes.
¿Se
puede educar a través de recetas?
Hoy,
con los profesionales de la salud mental y de la educación,
nos preocupa mucho más saber transmitir con los padres
actitudes educativas, que si son variables prioritarias, que
no sólo técnicas o recetas educativas.
La
actitud educativa nace de la observación y de la reflexión,
nace del pensamiento y no del mimetismo.
La
actitud educativa va ligada con el desarrollo del auto estima,
que facilita la aceptación de los hijos y la disciplina,
que facilita el desarrollo de la capacidad de frustración.
Todo unido, una satisfactoria capacidad de contención
de las ansiedades po parte de los propios padres. Educar nunca
puede ser una receta.
Y
finalmente, . no olvidemos que educamos más por lo
que somos que por lo que hacemos.
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