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Es lógico
que los padres, en el transcurso del año escolar, se
cuestionen sobre el posible perjuicio que en la columna vertebral
de sus hijos pueda provocar el uso de las mochilas. El traslado
diario de libros, cuadernos y demás utensilios, de
la escuela a casa y viceversa, representa, en la mayoría
de casos, soportar una importante carga.
La columna vertebral vista de frente normalmente es recta,
pero en ocasiones puede aparecer inclinada lateralmente o
curvada a causa de una actitud escoliótica o de una
escoliosis, entidades semejantes pero de importancia muy diferente.
Hablamos de actitud escoliótica cuando la columna vertebral
presenta una curvatura sin deformidad ósea; se trata
de una postura y se puede corregir fácilmente con cambios
de posición. Suele producirse por una diferencia de
longitud entre ambos miembros inferiores, aunque pueden existir
otros factores como posiciones anómalas para intentar
evitar o disminuir un dolor vertebral.
Llamamos escoliosis a la curva producida por el crecimiento
anómalo de la columna; se trata de una deformidad estructurada,
fija, y con un componente rotatorio, que se pone de manifiesto
en forma de una prominencia posterior asimétrica, al
flexionar el tronco. En ocasiones esta deformidad puede ir
en aumento durante el crecimiento, principalmente en la adolescencia.
Si observamos la columna vertebral de perfil, es normal que
a partir del año de edad, cuando el niño empieza
a ponerse de pie, aparezcan unas curvaturas. Una a nivel de
las vértebras dorsales, de convexidad posterior o cifosis
y otras en sentido contrario o lordosis, a nivel lumbar y
cervical. El aumento anormal de la curva dorsal se conoce
con el nombre de hipercifosis o simplemente cifosis y se manifiesta
en forma de una giba más o menos pronunciada.
Es más frecuente la cifosis postural que la estructurada
o verdadera deformidad.
Se ha comprobado que en un niño sano, el uso de mochilas,
incluso muy pesadas, no induce la deformación de las
vértebras y por tanto la aparición de escoliosis
o cifosis. Pero sería posible en niños con enfermedades
que comporten una fragilidad ósea o cuando existe una
lesión del cartílago de crecimiento vertebral;
en estos casos no es aconsejable el uso de mochilas ya que
podría favorecer el crecimiento en cuña de las
vértebras.
Sin embargo, el uso prolongado de mochilas sobrecargadas sí
que puede favorecer la tendencia a "cargarse" más
de espalda, o cifosis postural, sobretodo en niños
con la musculatura de alrededor de la columna vertebral poco
desarrollada. Por regla general, se aconseja que el peso de
la mochila no sea superior al 30% del peso corporal del portador,
así, por ejemplo, en un niño de 40 Kg la carga
total debería ser inferior a los 12 Kg
Es importante la forma como está colocada la mochila:
debe quedar centrada en la espalda con una asa en cada hombro,
y colocar unas almohadillas en los puntos de apoyo óseo.
Ello dará estabilidad a la mochila en los movimientos
rotacionales de la columna y será llevada de una forma
más cómoda y fisiológica. Cuando se transporta
apoyada sobre un solo hombro, no se controlan los desplazamientos
laterales y provoca una mayor contracción de la musculatura
vertebral del lado opuesto, en un intento de compensar este
desequilibrio; ello comporta un aumento de la fatiga y una
mayor incidencia de dolores musculares.
Pero, a parte de conocer como debería llevarse la mochila
y más que saber el peso máximo que cada niño
puede soportar, sería conveniente preguntarse el porqué
no se pueden dejar, en casa o en el colegio, los libros que
no se van a utilizar aquel día, y qué necesidad
hay de transportar cada día, arriba y abajo, todo el
material escolar.
Dr. Lluis Terricabras
Carol
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