El
miedo a los extraños es un miedo innato, presente en
todas las culturas y países. Su aparición y desvanecimiento
está entre el primer y segundo año de edad. La
respuesta de miedo dependerá de la situación y
sobre todo de la conducta del extraño. Los niños
se asustan cuando se les presenta un objeto al que no están
acostumbrados como un rostro desconocido. Suelen reaccionar
con la interrupción de la sonrisa, desviando la mirada
y rompiendo a llorar.
Es
el estimulo más temido de los niños entre los
seis meses y dos años.
Las
probabilidades de tener una reacción de miedo ante un
extraño es alta si la situación es desconocida,
los padres están ausentes, el extraño se aproxima
rápidamente y hay contacto físico con el niño.
Y por el contrario, la probabilidad es baja si la situación
es conocida, los padres están presentes, es el niño
el que inicia la aproximación de forma lenta y no hay
contacto físico.
Las
características físicas del desconocido también
influyen. Las mujeres suelen causar menor temor que los varones
y los niños menos que los adultos.
La
experiencia previa con desconocidos juega un papel importante,
manifestando una respuesta de temor menor aquellos niños
que han estado expuestos a diferentes individuos.
Una
posible explicación al miedo a los extraños presentado
por los niños puede ser debido al vestigio evolutivo
que refleje el infanticidio y los abusos a menores practicados
ampliamente por personas extrañas durante la evolución
de los homínidos y sus predecesores. Esta selección
evolutiva se explica por el abuso y la frecuencia de infanticidio
entre los mamíferos.