MIEDOS INFANTILES por Jorge García

 

Técnicas

1. Desensibilización sistemática

La desensibilización sistemática fué desarrollada en la década de los 50 por el terapeuta conductual Joseph Wolpe. Influenciado por los trabajos de Edmund Jacobson en relajación progresiva para inhibir niveles de ansiedad altos, Wolpe aplicó la relajación en situaciones de la vida real con niveles progresivos de estrés. Posteriormente descubrió que las escenas imaginadas eran más fáciles de estructurar, evocaban niveles de ansiedad casi idénticos y producían resultados transferibles a situaciones de la vida real. De este modo se aprende a relajarse en las escenas imaginadas y es posible prepararse para la posterior relajación ante situaciones reales como dar un concierto, examinarse, etc.

Los dos principios fundamentales de la desensibilización sistemática son:

1º - Una emoción puede contrarrestar otra emoción.

2º - Es posible habituarse a las situaciones amenazadoras.

La desensibilización sistemática es un tratamiento efectivo para combatir fobias clásicas, miedos crónicos y reacciones de ansiedad interpersonal. Está especialmente indicada para inhibir ansiedades activadas por estímulos que no tienen una respuesta manifiesta apropiada. Su objetivo es volver a enseñar a responder sin miedo.

La desensibilización sistemática requiere tres condiciones:

1. Saber relajarse mediante la técnica de relajación progresiva.

2. Creación de una serie gradual de situaciones de practica que producen ansiedad a la que llamamos "jerarquía". Las situaciones pueden practicarse en la imaginación (D.S. en la imaginación) o en la realidad (D.S. en la realidad).

3. Recorrer las situaciones graduadas relajándose en cada una y dominándola antes de pasar a la siguiente.

Con la D.S. en la imaginación se puede elicitar el miedo a voluntad, no hay que esperar a que suceda. Uno puede prepararse con tiempo para algo que se acerca. Se pueden imaginar situaciones tal como se desean, con toda exactitud.

Esta técnica es la más utilizada para el tratamiento de las fobias, tanto en niños como en adultos. Se trata de ordenar de forma graduada los diferentes estímulos que proporcionan temor, de menor a mayor grado de intensidad mediante una jerarquía de miedos.