Técnicas
2.
Relajación progresiva
Entre
las numerosas técnicas de relajación existentes
destaca la relajación
progresiva
de Jacobson por su sencillez de aplicación y su alta
efectividad en el tratamiento de la ansiedad. Gran parte de
su popularidad se debe al importante papel que se le asignó
dentro de la terapia de conducta como parte esencial de la
desensibilización sistemática.
La
relajación se define como la ausencia de tensión
o activación en el estado de un organismo, y que se manifiesta
a tres niveles:
a)
Fisiológico
que incluye los cambios somáticos, viscerales y corticales
( cambios en la tensión muscular, tasa cardiaca, ritmos
electroencefalográficos,etc.).
b)
Conductual
hace referencia a los actos externos directamente observables
del organismo ( expresiones corporales y faciales, inactividad,
hiperactividad, lucha, huida, etc.).
c)
Subjetivo
que se refiere a la experiencia interna consciente del propio
estado emocional o afectivo del sujeto ( calma, tensión,
sensación de malestar, etc.).
Estos
tres niveles o tipos de respuesta se encuentran íntimamente
ligadas formando una unidad integral, de modo que cualquier
cambio observado en una de ellas repercute en las otras y viceversa.
Los
supuestos básicos de la relajación
progresiva
son los siguientes:
1.
Es una técnica fisiológica centrada en la relajación
de la musculatura esquelético-motora.
2.
El programa de entrenamiento se basa en la discriminación
de las señales de tensión en los distintos músculos
del cuerpo a través de ejercicios sistemáticos
de tensión y relajación.
3.
La relajación de la musculatura esqueletico-motora
conlleva automáticamente la relajación del sistema
autonómico-vegetativo y la relajación del sistema
nervioso central.
4.
La relajación fisiológica produce efectos paralelos
de relajación emocional y de relajación cognitiva.
Los
objetivos más apropiados para el entrenamiento en relajación
son las respuestas molestas de alto nivel de tensión
que interfieren con la ejecución de otra conducta. Antes
de aplicar la relajación progresiva en un programa terapeútico
hay tres áreas generales que terapeuta clínico
debe explorar:
a)
Informe médico para asegurarse que no existen contraindicaciones
para el uso de la relajación como enfermedades físicas
graves, ataques epilépticos, diabetes, utilización
de fármacos, etc.
b)
Descubrimiento de las causas de la tensión manifestada
para poder decidir si la tensión manifestada es inapropiada
o es una respuesta racional a circunstancias reales.
c)
Búsqueda de posibles estímulos para la respuesta
de tensión de manera que se pueda decidir si la relajación
va a ser utilizada sola, como primer paso en el tratamiento,
o como parte de un programa terapeútico más
amplio.
El
uso de la relajación produce efectos fisiológicos
beneficiosos reduciendo la frecuencia del pulso y la presión
de la sangre, la transpiración y la frecuencia respiratoria,
consiguiendo excelentes resultados en el tratamiento de la
tensión muscular, el insomnio, la depresión,
los espasmos musculares, el dolor de cuello y espalda, la
hipertensión y por supuesto la ansiedad. Además,
el tener una respuesta de relajación sirve para ayudar
a las personas a hacer frente a la situación de una
forma más efectiva a nivel operante, incrementando
el éxito de futuras actuaciones y reduciendo las evitaciones.
La
relajación no es una técnica infalible y aplicable
a todas las situaciones y personas .Existen situaciones en
las que la tensión y cierto nivel se ansiedad resultan
respuestas adaptativas muy efectivas, y otras en las que el
arousal fisiológico se debe a una falta de habilidades
para realizar una determinada tarea.
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