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Es
uno de sus más bellos retratos.
Doña María Teresa aparece
sentada, con un vaporoso vestido blanco y sus abundantes rizos
rubios recogidos con un tocado que iluminan el desnudo y obscuro
fondo del retrato.
Su expresión es melancólica
y carece del dinamismo de su retrato infantil, la vida no ha sido
demasiado amable para ella y la desilusión y el desánimo,
también se pueden apreciar a través de los pinceles
del artista. |
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