Los Niños a través de la Pintura
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Bartolomé Esteban Murillo - (1617-1682)

Nació en Sevilla, siendo el último de catorce hermanos. Aunque algunas veces emplea su primer apellido, generalmente se le conoce por el segundo. Su vida profesional estuvo llena de triunfos. Casi todos sus lienzos son de tema religioso ya que las iglesias y conventos eran sus principales clientes.

Su estilo que denota un interés naturalista, descubre también su preocupación por la luz y por el volumen siguiendo las directrices de Zurbarán.

Muchos son los temas iconográficos por él pintados, siendo sus Vírgenes, especialmente en el modelo de Inmaculada Concepción, universalmente conocidas.

La evolución del sentimiento católico del barroco le hace experimentar mayor interés por los temas de la infancia de Jesús y de San Juan.

En El Buen Pastor, cuadro que hoy comentamos, Murillo representa un niño enmarcado en un ambiente pastoril simbólico con ruinas clásicas poniendo su mano sobre la oveja descarriada mientras su mirada melancólica y misteriosa completa el halo místico y religioso que el pintor desea transmitir.

Entre las pinturas religiosas de tema infantil es ésta una de las más populares y ha quedado incorporada como imagen devocional que capta la simpatía .

Como de una sensibilidad más diociochesca y menos mística tenemos San Juanito y el cordero, la actitud ya no es estática, todo en él desde la sonrisa hasta la actitud están llenos de gracia y delicadeza.

La pintura profana de Murillo en casi su totalidad gira en torno a temas infantiles, que realiza como cuadro independiente, la alegría de asomarse a una ventana, el juego o la merienda son temas que le gusta representar .Este tipo de cuadro no tenía precedente en España y no se volverá a cultivar hasta el siglo XVIII, sobre todo con Goya.

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