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El
verdadero artista, siempre está buscando innovaciones
que le permitan expresar sus ideas y al mismo tiempo huir de
la mecanización y la rutina.
El siglo
XIX aportará el triunfo de la personalidad del artista
sobre la del cliente, el deseo de captar la realidad con matices
distintos, la necesidad de pintar al aire libre para captar
una realidad concebida como fugaz. La luz se convierte en la
verdadera protagonista del cuadro, ya que ella transforma el
aspecto de los objetos que ilumina. Se buscan temas nuevos:
paisajes campestres y urbanos, marinas dónde la luz matiza
los colores según la luz del día.
Es dentro
de esta corriente dónde se puede incluir esta "Niña
con regadera", realizada por el pincel de Jean-Auguste
Renoir, pintor nacido
en Limoges en 1841. |