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En
su obra puede apreciarse la influencia de tres grandes pintores:
el primero, Camilo Corot, más tarde, Eduardo
Manet, cuya influencia será decisiva y perdurable
ya que además de ser su discípula y modelo, se
convierte en su cuñada y, finalmente, la de Augusto
Renoir.
Desde
1874, tomó parte en todas las exposiciones de los impresionistas
y compartió las vicisitudes del grupo, aunque su estilo
pictórico no es exactamente el de este grupo y lo que
le une a ellos es la ideología y no el método
de trabajo. Ella utiliza grandes pinceladas realizadas con gran
libertad y no una técnica divisionista. Le agradan los
temas intimistas y utiliza con preferencia la figura femenina
y los niños.
El
refinamiento y la ligereza de los tejidos bañados por
la luz pueden apreciarse en su obra a la que proporciona suavidad,
calor y sentimiento a veces con solo unos trazos y muy poco
color. Es capaz de conseguir un efecto real y poético
sintetizando las características de sus maestros. En
"La niña con
la cesta", quizás la influencia de Renoir
es más intensa, pero la obra de Berta
Morisot es original, no cae en el amaneramiento y
transmite un aura de irrealidad y poesía propio y personal.
Esta pintora supo crear con su talento un universo propio al
que dió valor y transcendencia.
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